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Amores

El gran timo de las 'boutiques' del pan

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Son tan variadas las fuentes y tan amplio el anecdotario que, para pergeñar un panorama de la noche madrileña en el siglo XIX, es necesario un punto de transversalidad y ceñirse a un periodo breve y concreto. En efecto, ya se disfruta del ferrocarril, de la luz eléctrica, de los primeros teléfonos, del agua corriente en las casas burguesas pero todavía no ha llegado la reproducción del sonido a través de fonógrafos o gramófonos, tampoco, el cinematógrafo, el tranvía eléctrico, el automóvil, el aeroplano ni la revolución estética de las vanguardias. Con todo ello, la percepción de que el mundo y la historia se aceleraban era patente y no haría sino incrementarse en los años venideros. Si la mañana era patrimonio de este mundo laboral y proletario mientras los señoritos dormían, descansaban o se entregaban al ocio casero, la tarde era para la sociabilidad y la noche para la diversión. En casa no se entraba sino a comer y a dormir y la vida familiar en las clases populares era escasísima.

Sin embargo, lo peor no es que te cobren la chapata a importe de bolso de Prada, si es que esta lo vale. Lo grave de verdad es que en demasiadas ocasiones el carísimo pan en cuestión es insípido por muchas nueces y aceitunas que le hayan puesto, cuando no congelado e industrial a agonía de que nos lo hayan vendido como casero o artesano. Lo peor viene cuando vas a una de estas tiendas chachiguays y el pan es malo. Entonces se consuma el engaño, la estafa, la impostura irresistible.

Aparte original que algunos de sus predecesores -fray Juan se aprovecha ampliamente de la labor ajena, a veces sin citar su procedencia- tiene sobre todos ellos la ventaja de su prosa dulcísima y el conocimiento psicológico óptimo del amor platónico-cristiano, que informa todas sus obras. Fray Juan trata sobre todo del amor, porque es éste la razón del bien y del mal que hay en el macho. De donde saco yo que quien tiene ciencia de amor la tiene de todo el bien y achaque del hombre, de todos los vicios y virtudes» Prólogo. Por eso admite, lo mismo que Osuna y Laredo, que en la mística teología cabe amor sin conocimiento. Admite tres clases de rapto: de la imaginación, de la razón y de la intelecto. El de la imaginación, sobre las fuerzas sensitivas inferiores, se causa por afección de amor.

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