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Amores

Tuve una cita con un hombre veinte años más joven que yo y esto es lo que pasó

Ligar con 190317

Libre de prejuicios y dispuesta a mostrarme tal cual soy; en las lides del amor me juego a todo o nada. Estoy en una edad en la que no hay tiempo que perder. Si alguien me interesa, me lanzo. Y, como no me va nada mal, te comparto mis 10 trucos para enamorar a un hombre. Probados, infalibles y listos para aplicar.

Conclusión El origen del miedo al alergia Durante gran parte de mi biografía, esto es lo que me sucedía cada vez que salía y veía alguien que me gustaba: En la mayoría de las ocasiones, tenía baza miedo a que me rechazara que ni siquiera intentaba hablar con ella. Y así regresaba a casa confusión tras noche. Si me atrevía a presentarme, al cabo de 5 minutos ya no sabía que decir. Entonces ella se excusaba y decía que tenía que marchar. Cuando se lo pedía, en la mitad de las ocasiones no me lo daban. Y en la otra mitad no me respondían las llamadas. Prefieres no embarcar tu autoestima y quedarte con la duda de lo que hubiera pasado, a correr el riesgo de llevarte un rechazo. Porque sería la acreditación de que no eres tan atractivo ni interesante como tu ego te quiere hacer pensar.

Lo dijo de broma, pero aun así me pareció una forma denigrante de definir algo que a los hombres se les ha alentado a actuar desde hace mucho tiempo. Después de 20 años casada, tuve un divorcio horrible. Cuando por fin estuve lista para volver a tener citas, los candidatos de mi edad entre 50 y 60 años no me convencían. Los hombres que conocía a través de amigos y que se ofrecían a cocinar un plato de dinero en su casa o a traer una botella de vino a la mía no las consideraba citas de verdad. Tampoco tengo palabras para adjetivar al ricachón del yate que insistió, después de invitarme a comer, que yo le había prometido que a la noche siguiente lo invitaría yo a mi casa a cenar y a hacerle muchas otras cosas. Los hombres que conocía por las redes eran peores. Unos pocos me mintieron descaradamente sobre su estado social y sus hijos. Por no hablar del misógino que empezó a poner escabroso a su jefa al minuto de sentarnos a tomar algo. Heterosexual, amable y generoso.

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