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Mujer soltera con un 492843

Su historia y su lucha es la de las miles de madres solteras en España una de cada diez familias es monoparental que cada día luchan por sacar adelante no sólo a sus hijos, sino su propia vida personal y profesional. Las barreras para encontrar el amor o un trabajo que permita conciliar y llegar a fin de mes son sólo dos de los grandes retos a los que se enfrentan superheroínas como Lorena cada día. Lorena Santamaría Vitoria, soñaba con ser madre desde bien pequeña. No sospechaba el giro que daría su vida justo un mes después. Se quedó embarazada. El padre de su bebé soñaba, como ella, con tener hijos joven, pero no en esa situación -la familia del chico ni siquiera sabía de su relación con Lorena- y el miedo a la presión de su entorno le llevó a romper. Lorena vivió su embarazo en solitario en Holanda y no regresó a España hasta el octavo mes de embarazo Lorena comunicó la noticia a su madre -la futura abuela- desde Holanda por Skype. Siempre había alguien dispuesto a acompañarme al médico. Ha intentado rehacer su vida sentimental, de momento sin éxito.

Siempre elegí vivir la vida que yo quise y formar la familia que yo deseaba formar. Rosa Maestro rmaestrom Leer también: Listado de ayudas para las familias y para familias monoparentales Hasta hace muy poco, casi podríamos decir que antes de ayer, una mujer que tenía un hijo sola era castigada socialmente, humillada, e aun arrinconada. La frase se las trae, y también nos dice mucho de donde se las trae y quienes la traen. Hemos avanzado, sí. Adivinar también: Discriminación a las familias monoparentales Curiosamente suele ser el mismo bus que luego nos quita y nos resta nuestros derechos políticos y económicos como familia. Claro que dejando a un lado al grupo que decide no salir de su zona de confort mental por miedo al admiración y la libertad del otro, en estos dieciséis años que han pasado desde que fui madre he gastado cambiar mucho el cuento. Una siempre se inclinó hacía el riesgo, pese a lo que éste conllevase.

Pocos acontecimientos podemos imaginar tan desgarradores como la muerte de un hijo. Es un hecho impensable, que va en contra de la naturaleza. Los hijos deben sobrevivir a los padres, por ley natural. Es por esta amovible, entre otras, que sea particularmente complicado sobreponerse a una pérdida tan importante en la vida desde el punto de vista de ser madre, Yahvé, pareja… Y es por este motivo por el cual no existe una palabra para designar a una lecho o a un padre que ha perdido un hijo, aunque si las haya para hablar de personas que han perdido a sus padres huérfanos o mujeres que han perdido a sus maridos viudas. Parece como si no hubiera manera de nombrar el horror de semejante experiencia.

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