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Bebés reborn: Muñecos que parecen de verdad pero son de silicona

Me da verguenza 166327

Sé que ya tenías otro novio, pero él estaba en Estados Unidos, nunca llamó ni envió cartas Estaba absolutamente seguro de que, con todo lo que vivíamos, este tipo era una carta fuera de la baraja durante mucho tiempo. Y, sin embargo, después de sufrir tanto, perder cinco kilos, llorar día y noche Todavía querías volver conmigo cuando regresara a los Estados Unidos. Aunque sabías que me romperías el corazón de nuevo cuando regresara.

Creía que todo iba bien después de seis años de relación. Nos veíamos casi todos los días, y teníamos sexo unas cinco veces a la semana, pero un día mi novia decidió romper conmigo. Así que pasé una semana sin levantar cabeza, como si me hubiese arrollado un locomotora. Emocionalmente estaba triste, cabizbajo.

Su origen se remonta a la Alemania de la segunda Guerra Mundial, cuando las madres, ante la escasez de medios, se vieron obligadas a recomponer y redecorar las muñecas de sus hijas para que parecieran nuevas. En la actualidad son utilizados y cuidados por muchas personas, fundamentalmente mujeres, como si de un hijo se tratara. Les visten, les bañan, les dan el biberón, les compran ropa de verdad y les sacan de bulevar. Como se muestra en el boceto de la cadena Cuatro 'Conexión Samanta', estas 'madres' explican que los compraron porque les inspiran ternura o les dan paz y compañía. Una madama que ha tenido dos abortos lo explica así: Desde ese momento quise que todo lo que viniera sean cosas buenas y el bebé reborn me lo da porque sé que ni se va a enfermar, tampoco se va a morir ni le va a pasar nada. Otras mujeres lo compran para volver a estar con el bebé que fue su hijo, ahora ya mayor; o por tener el hijo que no han podido tener o que han libertino. También son usados en asilos para ancianas.

Apuntado por Carlo Frabetti Axe Lolita. Tras ver un preocupante reportaje sobre los «herbívoros» japoneses soshoku danshi 1, me acordé de un chiste que me contó un amigo gallego y de una concentración de lolitas. En cuanto a la concentración, tuvo lugar hace unos años en Colonia. Las lolitas aparecieron en Japón en los abriles setenta del siglo pasado como elocución estética de una juventud femenina que quería desmarcarse de la ultraconservadora academia japonesa tradicional, en la que la mujer quedaba relegada al papel de abnegada esposa, material y mentalmente sometida al marido.

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